domingo, 29 de noviembre de 2009

Arte

Cada día, a las 8 de la noche, da comienzo la magistral lección cultural.

Los domingos usualmente versa sobre temas culinarios y me embeleso frente a la pantalla del televisor viendo a los chefs, a los aspirantes a chefs, o a diestros amos y amas de casa, crear e inventar sabores que deleiten nuestro insaciable paladar.

La atención de los miércoles va dirigida al canal televiso que se especializa en programas de decoración hogareña. Mi admiración no tiene límite al ser testigo de su versatilidad en el uso de colores, la selección de artefactos y muebles y la mezcla de textiles para hacer revivir el dormitorio o el cuarto de baño. Uno que otro día sucumbo a las lecciones de confección de moda y admiro cómo dos yardas de tela se convierten en un hermoso ajuar.

Justo en el momento en que mi sublimidad se eleva a niveles tóxicos jamás nunca vistos, la súbita entrada de mi medio mangó a la habitación corta de sopetón los ¡qué maravilla!, ¡magistral!, ¡increíble! al lanzar la punzante y desgarradora pregunta: ¿Cuándo vas a comenzar a preparar alguno de esos platos, decorar la casa o vestirte con algo que no sean los gastados jeans?
La delicada burbuja explota y estrello a la realidad cotidiana de que el medio mangó aun no entiende que el cocinar, decorar y diseñar son manifestaciones artísticas dignas de mi humilde pero apasionada crítica.

Al comienzo de mi inesperada y desconcertante (para más de uno) adicción por este tipo de emisión televisiva, el medio mangó se ilusionó con la posibilidad de que por fin dejaría de comer todos los días una de cinco alternativas- arroz con habichuelas, burritos, carne o pollo al horno, papa asada y ensalada. No entiende que aunque la mayor parte de la población sintoniza esos programas culinarios para aprender o perfeccionar nuevos platos, esta servidora rinde tributo a la esencia intelectual al verlos por puro placer artístico. Ver a Emeril, la Contessa, Rachel, Giovanna o Tía Florita cortar con sutileza el filete miñón, agarrar una cebolla como si fuera un delicado huevo Fabergé y saborear el aroma del ajo en mantequilla con igual exquisitez que a un recién cortado bouquet de jazmines, es igual a pararme frente a una pintura de Monet, escuchar una composición de Manuel Alejandro, leer un poema de Gabriela Mistral o ver una obra dramática de David Mamet.

Pero, no, hombre al fin, el medio mangó espera que estas manos prosistas atienten contra el talento y el buen nombre de esos grandes próceres de la cocina al intentar emular una de sus magistrales recetas.

Lo mismo pasa con los programas televisivos donde remodelan casas, resuelven desastres decorativos o enseñan el ABC de la decoración. A pesar de los años que las babazas cuelgan de mi boca deleitándome con sus lecciones, nuestro hogar continua igual de ecléctico gracias a la infalible combinación de muebles de segunda mano, objetos coleccionados de diversos viajes y las irresistibles gangas rajatablas de las tiendas de nuestro país.

Son pocas las veces que mi alma se descuartiza ante el reclamo del medio mangó pues ya se dio por vencido. Cuando se le olvida, inhalo, exhalo, como fiel y digna mujer new age, y nuevamente suelto la cantaleta de que la decoración, el diseño y la confección culinaria son manifestaciones artísticas y que, si me encuentra un día viendo un programa sobre arte surrealista, jamás se le ocurriría que me dedicara a pintar. Yo tampoco espero que boxee como Pacquiao, juegue balompié como Cristiano Ronaldo o cante como Vicente Fernández o Héctor Lavoe cuando se sienta a rendirles pleitesía.
¿Por qué entonces esperar algo diferente de su medio mangó?

2 comentarios:

  1. !Magistral! !Excelente!

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  2. Lo grande del caso es que nuestras medias chinas (pa' decilo en boricua) se pasan viendo las peliculas mas ruidosas, violentas y sangrientas que uno pueda imaginar. Pero cuando nos escuchan chillar de desesperación por encontrar una vez más la tapa del inodoro arriba, nos dicen que estamos "alteradas" y que no pueden oir tanto grito. ¿Y qué me dicen de los que se marean en la sala de partos porque no pueden ver sangre?

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