lunes, 30 de noviembre de 2009

El chico de la casa

Al chico de la casa le urge remplazar sus anteojos bifocales por lentes de contactos. Sólo tiene un pedido- la cita optométrica no puede caer el mismo mes de su cumpleaños o, peor aún, en los meses navideños de diciembre y enero.

Con o sin razón, el chico de la casa teme que las gomosas y húmedas lupas ejerzan la doble función de regalo y necesidad. En palabras sencillas para los que adolecen de nuestro singular sentido del humor, que su madre sea tan cruel y despiadada que le espete de regalo de cumpleaños, de Navidad o de Reyes los dichosos lentes mágicos que le devolverán la cordura visual. Para colmo de males, su pedido incluye la exigencia de que los lentes deben venir en su estuche, no en unos potecitos reciclados Gerber, y acompañados por un generoso envase de solución desinfectante, por si había intención de desglosar el gasto-regalo en varias festividades.

El chico de la casa no sabe lo incapaz que sería la que escribe de semejante atropello y chantaje emocional. El costo de los lentes apenas iba a reemplazar sus salidas al cine, con sus amigos y a la heladería por un razonable periodo de 15 meses y medio. O sea que el chico de la casa podría retomar estos menesteres en tan solo 62 semanas.

Después de todo, jamás le he negado capricho alguno aunque reconozco que algunos han tardado varios años como el periodo que estuvieron en boga los Pokemons y tuvo que esperar tres años que pasaran de moda, y se pudieran conseguir en el rack de liquidación a tres por $1, para comenzar su colección. A sus 12 años pudimos por fin celebrar su cumpleaños inspirado en Barney y lo rematamos con algunos toques de Clifford y Winnie de Pooh, a tiempo para evitar un irreparable daño emocional.

A medida que se acerca el Día de las Brujas, (Halloween, para los no muy duchos en nuestro vernáculo) los chicos de la casa se preparan para el aluvión de comentarios al nuestra familia repartir esa noche deliciosos dulces de Navidad y Pascuas. En algunas ocasiones, dependiendo de la contracción en ventas ese año, aparecen también chocolates de San Valentín y hasta dulces conmemorativos del Hannukah. Coloridos bastoncitos rojos y blancos, chocolates de hombres de nieve, brillantes adornos navideños estofados con crujiente melcocha, huevos de malvaviscos, conejitos y delicados cupidos de chocolate son parte del divertido surtido de nuestra canasta en forma de corazón a la que siempre asiste un vistoso cesto de pascua el Día de las Brujas. El estupefacto rostro de los críos nos alienta cada año a seguir con nuestra esperada tradición.

En navidad, los chicos reciben calabazas de chocolate, brujitas azucaradas y sus preferidos, los fantasmas de chocolate solido. Eso si, ha habido una que otra ocasión que las hormigas han violentado el almacén donde cada año, después de Halloween, se almacenan los dulces con 80% de descuento para repartir en Navidad, y las gangas azucaradas post Navidad, Hannukah y San Valentín. (En esas raras ocasiones, nos limitamos a alterar en las envolturas el contenido proteínico de las golosinas).

Ya son grandes la chica y el chico de la casa y no hay forma que entiendan que el disfraz ideal para el Día de las Brujas es el pijama de Santa Claus, el de Rudolfo el venadito o el de Muñeco de Nieves. Igual de infructuosa es la tarea de persuadirlos a recibir Navidad, y a los Reyes Magos y sus camellos, con un disfraz de bruja, hombre araña, Tarzán, Dora la Exploradora o Barney. Por aquello de que no se nos acuse de sabotear las costumbres navideñas, al hombre araña un año le añadimos una brillante nariz roja que se accionaba con control remoto. A Barney le colgamos del rabo unos cubos de hielo con ramitas de pino navideño y a la bruja con la escoba un velo de la virgen María. Catequizar al chico de la casa que era Rudolfo vestido de hombre araña o un muñeco de nieve vestido de Barney no fue faena fácil. Y la chica todavía pregunta si es cierto que en el nacimiento viviente fue la virgen María disfrazada de bruja para ahuyentar a Herodes y sus secuaces.

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