lunes, 30 de noviembre de 2009

¿Escollo?

El día se asoma común y corriente. Pero esos detalles no ayudan al estar frente a la interlocutora y tratar de decidir cómo formular la pregunta nuevamente sin que piense que soy idiota, desquiciada o un ser de otro planeta.

Como no sería apropiado refugiarme detrás de las gafas con el lente más oscuro, me concentro para mantener el contacto visual y reforzar la imagen de madre extremadamente preocupada por los escollos de aprendizaje que el estudiante presenta. Impulsivamente, y sin pensarlo, suelto la pregunta:

O sea, ¿debo repasar con el estudiante las notas y el capítulo todas las noches?

Me mira y trato de frenar la sonrisa que lucha por escaparse. Inhala, exhala, está vez un poco más visible, y creo que repite por tercera vez que sí. Creo porque, justo en ese instante, miro nuevamente al teléfono celular que vibra, me limpio la uña del meñique derecho, mientras pienso en el reportaje a medio escribir, la tanda de ropa a punto de secarse, el plan de salud de Obama, los videos de JLo, el libreto de cine que espera por un productor, el episodio de Grey’s Anatomy que no logré ver la noche anterior y los tres capítulos que faltan por leer del libro, cuyo título se me escapa, de Arturo Pérez Reverte.

Salgo disparada a escribir las recomendaciones en un cuaderno, que llevo siempre escondido en el automóvil, para no olvidar detalle alguno. No es hasta tres días más tarde que encuentro al escurridizo cuaderno y me acuerdo que debo discutir las recomendaciones con el estudiante.

Esa noche volvemos a la tarea de leer un capítulo de su libro de biología y tengo que leer el párrafo tres veces y tomar apuntes antes de poder contestar la pregunta de mi querido estudiante sobre la célula vegetal. En el ínterin, me levanto tres a cuatro veces, no me acuerdo el número exacto, a ir al baño, tomar agua, y verificar si la secadora de ropa terminó su ciclo. Acertada decisión, sepa usted, pues había olvidado prenderla.

Dirijo mi atención a las matemáticas y me vuelvo a preguntar, 30 años después, por qué tiene que ser X, Y, no B ó C, y por qué rayos hay que aprenderse tantas fórmulas en esta era de la tecnología. Le digo al estudiante, que sigue cantando, no se queda quieto, ha cambiado el lápiz cinco veces, ido a tomar agua tres veces, que corra y pregunte a su padre si distancia es igual a velocidad por tiempo, o a velocidad por milla. Juro es lo mismo pero el estudiante no confía en mi criterio. Por si las moscas, y los mosquitos de dengue, decide cerciorarse con su padre ingeniero si estoy correctamente calculando el área y el perímetro.

Al estudiar historia, no pasan dos segundos antes de que esta servidora olvide el dichoso nombre del primer esclavo libre que llegó a Puerto Rico. Decidimos asociarlo con algo conocido y concluimos en conjunto que Juan de Garrido es su pariente que, agarrado de un nido, le gustaba buscar esclavos en España. Gozamos de lo lindo y nos reímos asignando descubrimientos, hallazgos, nombres de plantas y pueblos a familiares, amigos para que la botella no se nos vacíe a los dos en dos segundos.

Con las fechas, nos hemos dado por vencidos y concluimos que no serán muchos los puntos que pierda si da la mala pata que el examen no es uno con pareo o seleccionar la mejor contestación.

El estudiante va a dormir satisfecho de que va preparado para su próximo día. Yo, exhausta, preocupada, algunas veces angustiada, inhalo, exhalo, y vuelvo a repetirme la machaca: Soy un ser humano feliz, rodeado de docenas de seres queridos, una mujer profesional exitosa, buena amiga, generosa, sociable, compasiva, una apasionada artesana de la palabra, a pesar de nunca aprender la fórmula de velocidad, lo que representan la X, la Y, a pesar de mis viajes espaciales en el salón de clases y las notas académicas que palidecían al lado de las de mis brillantes y afanosos parientes. Después de todo, la impulsividad, la capacidad de trasmutar pensamientos a las millas y la eterna inquietud abrieron las puertas a cientos de inolvidables experiencias como estudiante becada en prestigiosas universidades estadounidenses, mochilera, voluntaria en un país extranjero, periodista, editora, escritora, guionista, columnista, madre, esposa, amiga, embelequera, un legado que no cambiaría por la definición de X ó la de Y.

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