martes, 1 de febrero de 2011

Raza humana


El género humano, al que casi todos pertenecemos, amerita simplificarse la vida. Este mandato se hace tan claro como el agua diáfana cada enero cuando comienza un nuevo año y pululan los reportajes de cómo poner en orden nuestro hogar, oficina, salud y vida sentimental.

 He concluido, con el  susodicho rito que merece, que mi vida es menos estresante al compararse con la  de la mayoría de las personas a mi alrededor por dos decisiones claves que han sido fuente de polémica en mi familia y en el  círculo íntimo de amigos. A mí no me dan  estrés aunque a ellos les suben los niveles de presión arterial cada vez que son testigos de lo que insisten en decir son los desatinos de esta servidora.

Empecemos por la primera decisión, dado que la tengo más fresca en la mente, pues acaba de concluir otra Navidad. Desde que les hago regalos a mis familiares, en particular a los sobrinos, todos y cada uno podían adivinar desde  hasta veinte pies de distancia cuáles regalos venían de esta servidora y su medio mangó. No era porque eran los más grandes o porque los engalanaba una gigantesca tarjeta con nuestro nombre: Santa de Cupey. Tampoco era que nos hubiésemos distinguido desde el principio por  usar siempre el mismo colorido papel de envolver. No, señores y señoras. Nuestros regalos siempre descollan por la forma burda, tosca y rústica en que están amorosamente envueltos.  

El primer año despaché la ristra de reproches con un “no tuve tiempo”, pero a los tres o cuatro años las envolturas zafias y desaliñadas se convirtieron en otro brote familiar de chismes. Resollé con profundidad, pues al menos les dieron un poco de respiro a las bromas por los abultados bolsillos en los ruedos de los pantalones de trabajo de mi medio mangó, adornados con asimétricas y coloridas puntadas, cortesía de las destrezas de costurera  de esta servidora. Luego de atenerme a escuchar varios regaños por la falta de sensibilidad al envolver regalos, tuve que exponer con mi proverbial elocuencia la razón. Sencilla y llanamente no tiene sentido pasar preciadas horas, que pudiera usar para escribir, leer, quejarme  y compartir con otros seres humanos, envolviendo un regalo que, a menor la edad del que lo recibe, menos tiempo dura en su condición original. Lo comprobé el primer año cuando mis sobrinos apenas tardaron cinco segundos en abrir el regalo, dos más que en mi generación cuando los regalos no eran tan abundantes. Lo peor del caso es ver las moñas y tarjetas, con facundos mensajes que  de seguro hicieron llorar a más de uno, regados por el piso.

Así que envolver regalos para mí es una tediosa tarea que despacho lo más pronto posible con la menor cantidad de cinta escocesa, lo cual explica porqué algunas orillas se abren por sí solas debajo del árbol.  (Ninguna persona me ha agradecido el que tenga que pasar menos tiempo abriendo el regalo, por cierto). Si quedo corta de papel, soluciono  el problema con un pedacito de otro. Mientras mayor el contraste,  mejor el resultado. Hasta el sol de hoy nadie ha reprochado el contenido del regalo lo cual me da a entender que,  al igual que a mí,  les importa un bledo la envoltura.

El segundo es tender la cama todas las mañanas. Esto sí nos trae problemas cuando nos quedamos en casa de familiares y amigos  pues siempre alguien  quiere recordarle a esta servidora lo mala madre, esposa, nuera, cuñada, hermana, huésped e hija que es arreglando la cama con nitidez a los pocos segundos de salir de sus hogares.  El meollo es el siguiente: cuando en la mañana apenas tengo catorce  minutos y medio para hacer desayuno, asegurarme  de que los chicos vistan decentemente y no olviden  el trabajo de 100 puntos, no hay tiempo de tender la cama. Los fines de semana tampoco me molesto,  pues sencillamente nadie más entra a nuestros dormitorios. El único visitante, al  que honramos con ver nuestra cama matrimonial tendida,  es el fumigador quien, por cierto, aún no ha fumigado de menos si alguna vez cometí  la desfachatez de recibirlo sin la cama tendida.  

Duermo y vivo tranquila,  pues hasta el sol un poco nublado de hoy, no he leído biografía alguna que destaque si el ilustre personaje  fuera diestro o no envolviendo regalos o tendiendo la cama. 

miércoles, 12 de enero de 2011

Pedidos para el 2011



 El comienzo de un nuevo año detona la compilación de listas de todo tipo. A petición popular aquí va mi lista de deseos para este nuevo año.

1.  Un aparato que detecte la sigilosa entrada de las arañas para aniquilarlas y evitar que tejan hogares y  casas de veraneo dentro de nuestro hogar.
2. Un aerosol o cámara infrarroja que detecte el origen de los mosquitos dentro de la casa, aun cuando todas las puertas estén herméticamente cerradas y las mallas en las ventanas no den señal alguna de agujeros. 
3. Comidas congeladas que tengan poco contenido de sodio y grasa saturada, que no sepan a cartón y que rebosen de vitaminas, minerales  y fibra.
4. Una decoración para el hogar que, al toque del control remoto, se transforme para las diferentes ocasiones festivas tales como día de los enamorados, Pascuas, Halloween, Día de Acción de Gracias y Navidad.
5. Un robot capaz de remover los adornos de cristal  del árbol de navidad, envolverlos en papel de seda y acomodarlos sin que se astillen dentro de la caja de plástico. 
6. Un reloj-alarma que evite que me despierte durante los días libres de los chicos de la casa, a la misma hora que los días lectivos.  Mientras más uno envejezca, mayor deberá ser su potencia.
7. Un detector de omisiones a ser instalado en la puerta de entrada para anunciar cuándo uno de los chicos sale de la casa sin el teléfono celular, la correa, uno de los zapatos, la asignación de matemáticas o el trabajo de 100 puntos.
8.  Un paquete de semillas para el huerto casero con un agrónomo, abono, pesticidas y meteorólogo para ver si por fin logramos que pise y arranque el dichoso huerto casero.
9. Un perro que les tenga tanto pánico a los gatos y a las ratas que enmudezca ante su presencia, para  conciliar el escurridizo sueño en la noche. Debe ser programado a NO  salir corriendo ante los ladrones.
10. Un carro para el chico de la casa,  que recién estrena licencia de aprendizaje, que no transite a más de 35 millas por hora, esté desprovisto de radio y-o estéreo, con cinturones de seguridad para los brazos, manos, piernas, tobillos,  caderas, partes privadas y los cachetes. Debe venir equipado con un parabrisas que no permita que su vista se desvíe ni por un instante, y una antena que bloquee llamadas por el celular, a menos que sea una emergencia.  Si es posible, que tenga un aparato con la grabación de la irritante voz de su madre que se active si alguna vez tiene intención de violar una de las leyes de tránsito.
11. Maquillaje para la chica de la casa que sea invisible a sus padres.
12. Otro control remoto para controlar el largo de los pantalones cortos de la chica de la casa. Deberá activarse para bajar el ruedo  ante cualquier miembro del sexo opuesto con al menos 12 años.
13. Un celular para adultos que permita escribir mensajes de texto a la misma velocidad que lo hacen las nuevas generaciones. De paso, un decodificador para entender mensajes como NPI, TQM, ILY, …
 14. Un aparato en Facebook que detecte cuán sincero es el pedido de amistad del suplicante o si sólo lo hace para tener la lista más larga de amistades. 
15. Un servicio en Facebook que permita ver  las fotos de los ex novios, cónyuges y enemigos sin que se enteren. 
16. Un mensaje a ser generado automáticamente por mi cuenta de correo electrónico a mis amigos cibernéticos que insisten en probar la intensidad de mi amistad con mensajes cadenas que amenazan con arruinar mi destino para siempre si no reenvío el mensaje a 10 personas más, incluyendo a quien lo envió para que sepa cuán importante es en mi vida.  El mensaje generado por mi cuenta debe decir… I love you... but get a life!  (En español se podría traducir como te quiero pero ... ¡haz algo de provecho!). 
17. Herramientas para el medio mangó para cortar el césped, taladrar y  martillar que no hagan ruido o si lo hacen, que no se activen hasta después de las 10 de la mañana los fines de semana.
18. Un canal de televisión que pase cinco minutos de varios programas de televisión o películas en un periodo de dos horas para evitar que al medio mangó se le siga gastando el pulgar de su mano derecha activando el control remoto.
19. Una bolsa de popcorn que regule el despacho de su salado contenido para que dure toda la película, amén de los interminables cortos antes del comienzo. 
20. Un Blackberry, celular y Ipod que tengan la decencia de apagarse justo en el momento en que esta servidora se acerque a su porteador.
21. Calcetines para maridos e hijos que, al encontrarse dentro del interminable cesto de ropa sucia, se empaten con su pareja para evitar que, al final de cada jornada, sobren tres o cuatro medias solteras.